En éstas entradas, publicadas la primera para abajo y las últimas para arriba, éste practicante del Zen o como se dice Zenistas, explica sus experiencias en un budismo neutro, sin superticiones ni culpas, ni premios ni castigos, como diría su Maestro, es así que voy desenrredando la madeja de mis días, aquello que me ata... y sontiene al egocentrismo, núcleo del apego a lo aprendido como fumarse un cigarrillo o tomarse un café en vez de los sanos estiramientos matinales... que de a poco voy aprendiendo, al menos a no dejar cigarros en la mesa para despues de dormir, sino por el apego o como diría un cristiano tentación que produce, sería de mejor hecharlos a la basura o fumarselos todo si tanto le duelen a uno desapegarse, ¡el colmo pero cierto!... hay fumadores empedernidos.
Entonces, comienzo a publicar la primera entrada, el primer capítulo si asi se quiere, sólo que éstos textos no son capítulos en primer lugar por ser la vida día a día y ésta no se cuenta, y en segundo por ser comentario torpes y cortos:
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Acabo de retornar al antigüo Camino del Zen, aquel que ciertas veces me invade y arrasa, ¿son mis pies los que corren bajo el Camino o es el Camino que corre bajo mis pies?..., entonces me dejo trasladar a mi Interior con frases tan ciertas como torpes, tal literarias como insusas, pero ecolo-hombre protectoras del Maestro Soko Daido Joza, quién, una vez, me introdujo en la orden de los Budas.
A ésta practica, a éste cultivo del día a día, y cuando hablo del cultivo no sólo hablo de criar las plantas, porque como en todo ciclo el fruto vuelve a la tierra, con ésto he de referirme al fruto del ego, quién, con sus quehaceres en el apego a cosas y objetos no distingue entre "so y arre", es decir que está tan aburrido y podrido en su sí mismo que a la vez es cinismo, para sí, que termina destituyendo en su interior todo aquello que pueda venir de afuera como una ayuda. Algo distinto que lo supere, sin embargo, no se deja tratar... ni holistamente ni pequeñamente.
Do motu enzu, recitaba el Maestro Narita... el "Origen del Camino es Universal".
Por otro lado, he de desenvalijar la mochila, y vaciarla para ver que hay en mí, en ésta llegada al Zen por décimo mil vez... ¿que hay?, misteriosamente encuentro prácticas chamánicas de las que hay que olvidarse, mejor no escribir de ciertas cosas.
Ahora toca despavilarse un poco, y pasadas unas horas y terminada la noche salir a vender sahumerios el cuál es mi trabajo remunerado. Leyendo las "anotaciones menores", como las llamaría yo... encuentro entre éstos apuntes, a los que los estoy pasando a limpio aquí, al blog, un tapaje, algo que no deja al cuerpo en libertad, al cuerpo del Tathagata, el Buda en su Talidad o Totalidad en la variedad. Y me doy cuenta que estoy hablando de mi mismo todo el tiempo, pero, que si en realidad quisiera progresar, tendría, en el Zen, que buscar un bastón, algo en que apoyar mi mente, y con ésto no me refiero a estudios ni cursos, porque éstos solo sirven para distraerle, cosa al alcanze de la mano, aunque no esté mal como terapia, pero, he de enterarme que hay que dejar caer el Cuerpo y Mente propios y ajenos, especialmente el Ego o pequeño yo.
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