viernes, 26 de julio de 2013

Un día de trabajo ciudadano, de cumplir con las obligaciones y sin embargo, esperar por el dinero.
Una pasada de visita y sentada de Zazen de por medio en casa de mamá.
Nada de otro mundo, tan ordinario como la iluminación después de lograda, quizás se haya presentado lo que Dogen, el fundador del Zen Soto que practico, llamaba Uji en japonés que es "Ser el tiempo" en nuestro idioma o "Siendo el tiempo".
Y noto que ésta fantasía de ser budista y que envuelve a muchos de los mismos en el pensamiento colectivo dando una imagen que somos extraordinarios no nos hace más que causar molestias impidiendo como diría una buena amiga el intento para así llegar a dudar en el Do y la lucha que es dar por vencido el Ego, no hay donde ir, estamos atrapados, la vida es una fantasía más, todos moriremos, en cien años todos calvos. Pero al llegar a ésta etapa, a la de dar el primer paso de intentar hace falta ser muy estúpido y muy hábil a la vez, como diría un sacerdote católico... para así caer en la mente buscadora, en un Maestro y luego reconocer a ese Maestro como la Propia Budeidad Innata., cosa muy difícil de lograr pero en los cuál si es posible poner nuestra fe o confianza... somos posibles Budas.
Todo eso no es más que filosofía y por lo tanto chachara mental si no se lleva a la Práctica y es en la que todas las Escuelas de Budismo tratan de iniciar al alumno, quién se resiste a entender que no es un Buda aún pero él cree estar iluminado y fantasea con el Satori, siendo una naturaleza que a la vez y por demás ordinaria, no se logra si no dejamos todo.
En fin de cuentas cuando no podemos practicar el Zen sólo nos queda filosofar como ahora lo hago yo, algo poco realizativo, quizás el dedo que señale la luna pero no la luna. Esto es todo por ahora, Sampai.

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